domingo, 4 de marzo de 2012

Ella.

De repente, estaba merendando, cuando mi madre me ha dicho que esta tarde venían mis abuelos. Y como tenía que escribir alguna que otra entrada más  para subir nota en el blog, me he puesto a pensar y me ha salido un poema. Sé que alomejor no es tan bueno con los de Antonio Machado o Juan Ramón Jimenez, pero me parece que esta bastante bien, y que suena a poema.
Lo he escrito como si fuera mi abuela quien lo contara ( de ahí la inspiración divina, gracias a que venían esta tarde). Y ahora es una persona que disfruta la vida plenamente. Pero según todas las historias que me han contado, lo tuvo que pasar mal, y por eso me ha salido este poema.

Nosotras, las mujeres cuyo
 recinto de todas fue morada. 
Que damos cuanto somos 
por muy poco, o por nada. 
Que ponemos sordina a nuestros sueños 
y frenos a nuestras alas. 
Que abrimos nuestro cuerpo como flores 
y hacemos una cuna en nuestra cama. 
Nosotras, la mujeres no
 podemos permanecer calladas. 
Ni podemos seguir pariendo, 
gente que ha sido maltratada 
o arrastrada hacia guerras
 fratricidas y el corazón ajeno 
a la esperanza. 
Niños abandonados a su suerte 
o niños que trabajan, jóvenes,  
que naufragan en la droga, 
sin metas que les marque la llegada.
 Y no quiero decir, aun que me duela. 
Por  no decir el alma. 
Que hay mujeres que fenecen
 a manos de quien  más  
esperaban ser amadas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario