Lo he escrito como si fuera mi abuela quien lo contara ( de ahí la inspiración divina, gracias a que venían esta tarde). Y ahora es una persona que disfruta la vida plenamente. Pero según todas las historias que me han contado, lo tuvo que pasar mal, y por eso me ha salido este poema.
Nosotras, las mujeres cuyo
recinto de todas fue morada.
Que damos cuanto somos
por muy poco, o por nada.
Que ponemos sordina a nuestros sueños
y frenos a nuestras alas.
Que abrimos nuestro cuerpo como flores
y hacemos una cuna en nuestra cama.
Nosotras, la mujeres no
podemos permanecer calladas.
Ni podemos seguir pariendo,
gente que ha sido maltratada
o arrastrada hacia guerras
fratricidas y el corazón ajeno
a la esperanza.
Niños abandonados a su suerte
o niños que trabajan, jóvenes,
que naufragan en la droga,
sin metas que les marque la llegada.
Y no quiero decir, aun que me duela.
Por no decir el alma.
Que hay mujeres que fenecen
a manos de quien más
esperaban ser amadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario