El otro día, hubo un problema con los polvorones que estamos vendiendo para poder ir a Roma.
Resulta que no sabíamos el día que los teníamos que entregar, por lo que nos tuvimos que quedar con todas las cajas e intentar venderlas, para poder llevar el dinero el lunes.
Por lo que María, que tenía 15 cajas, nos dijo que si la ayudabamos a vender por su urbanización.
Así que Aarón, Sara y yo, quedamos sobre las seis en la plaza del cole, para ir a vicálvaro. Y mi padre muy amablemente, accedió a llevarnos en coche, ya que nos dijo que en autobús íbamos a tener mucho frío.
Llegando ya hacia el barrio de María, empezó a ponerse una niebla horrible, que no se veía nada de nada. Y mi padre que ve tres en un burro, pues se perdió. De repente nos encontrábamos en un barrio desértico, lleno de polígonos, no había nadie para preguntar, y nos daba la impresión de que de un momento a otro iban a salir cuatro encapuchados con unos bates de béisbol, y para colmo, seguía sin verse nada gracias a la niebla.
Intentamos llamar a María, para que nos dijera al menos donde estábamos. Y para tu alegría Juanan, salimos de San Blas: estábamos en Puerta de Arganda.
Y está era la escena:
Sara diciendo : Es mejor que demos media vuelta.
Aarón mientras tanto cantando lo que ponían en MáximaFm.
Mi padre, intentando ir hacia algún lado con el coche.
Y yo, hablando con María por el móvil.
Cuando conseguimos llegar a la civilización, tuvimos que preguntar en una farmacia, para encontrar la calle de María, que también nos costo lo nuestro.
Una vez en su urba, María nos esperaba muerta de frío. Subimos a su casa, cogimos los polvorones, y empezamos a vender. Al principio no nos fue muy bien, por lo que decidimos dividirnos : María y Aarón, Sara y yo.
Y la verdad es que empezamos a vender más. Pero lo pasamos muy mal, ya que se nos apagaron las luces una vez, y como era un descansillo muy grande, nos encontrábamos el interruptor, y se oía un ruido muy extraño, y a una mujer diciendo : Que hoy estoy de muy mala leche. Por lo que empezamos a gritar, y cuando nos encontramos la una a la otra en la oscuridad, salimos corriendo. Probablamente contado así, parezcamos unas pavas, pero en el momento, os puedo asegurar que lo pasamos muy mal.
Por fin vendimos los polvorones. Y como llevábamos toda la tarde andando, nos entro hambre, así que fuimos al typical chino of Spain a comprar unas patatas y eso, pero Sara y yo, seguíamos teniendo hambre, así que nos compramos dos paquetes de bollos, que acabaron vacíos los dos.

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